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Nacional

Crónica de una hora en el quirófano

Datos de la FAO indican que entre 2012 y 2016 este mal aumentó en la población mexicana mayor de 18 años, al pasar de 20.5 a 24.3 millones de personas

AGENCIAS AGENCIAS
CIUDAD DE MÉXICO, martes 05 de marzo 2019, actualizada 7:48 am

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Checklist. 8:30 horas. Los acordes de Don't stop me now resuenan en la mente de Luis Zurita Macías Valadez, especialista en cirugía de obesidad, cuando se le pregunta qué tipo de música le gusta escuchar en el quirófano. "Cualquier canción de Queen es buena", contesta, al tiempo que verifica que todo esté listo para realizar la cirugía de manga gástrica, programada para las 9:00 horas.

(Primera de dos partes)

Luis Zurita Macías Valadez, especialista en cirugía de obesidad, afirmó en entrevista que el principal reto al que se enfrenta el país en la materia es asumir a la obesidad en sus tres diferentes grados como una enfermedad, pues "no es estar gordito y ya, hay que entender que se trata de una enfermedad crónica degenerativa que no se cura, solo se controla".

Datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés) indican que entre 2012 y 2016 este mal aumentó en la población mexicana mayor de 18 años, al pasar de 20.5 a 24.3 millones de personas.

El cirujano bariatra con estudios en la UNAM y la Universidad McMaster de Hamilton, Canadá, explicó que la obesidad está clasificada en grados uno, dos y tres, mientras que la forma de medirla es a través del Índice de Masa Corporal (IMC), "es decir, cuántos kilos aguanta mi estatura", refiere.

Una persona con sobrepeso tendrá un IMC de 25 a 29.9; la obesidad grado uno o de bajo riesgo se encontrará en un IMC de 30 a 34.9, la grado dos, de riesgo moderado, es a partir de un IMC de 35 a 39.9 y la obesidad grado tres, conocida como mórbida o superobesidad, se hallará en un IMC mayor a 40.

"Esa es la forma más fácil de medir la obesidad y adecuar un tratamiento basado en una atención multifactorial, con apoyo de un nutriólogo, psicólogo, médico internista y los cirujanos, en caso de requerir una intervención, pero es importante enfatizar que, sin importar el grado de obesidad que tenga el paciente, deberá corregir sus hábitos porque no existen los milagros".

Zurita Macías subrayó en la entrevista que ser obeso incrementa el riesgo de padecer otras enfermedades, "como una afección crónica degenerativa", ya que hay más de 80 males que se le relacionan, como diabetes, hipertensión, reflujo, infertilidad, cáncer, enfermedades cardiovasculares y, en algunos casos, cuadros de depresión.

En 2012 la diabetes -asociada a la obesidad- se convirtió en la enfermedad más letal en México. Para 2016 provocó más de 100 mil muertes prematuras, y el entonces secretario de Salud, José Narro Robles, aseguró que había provocado más muertes que las registradas en los diez años de la Revolución.

El tratamiento a seguir depende del grado de obesidad, pero Zurita Macías invitó a no creer que solo las personas con más de 200 kilos necesitan una cirugía como la manga o el bypass gástrico para controlar la enfermedad, puesto que entre menos peso haya que perder, más fácil será lograrlo.

"No es necesario que una persona pese 200 kilogramos para que se encuentre enferma, hay que tomar mucho en cuenta que en el país no somos muy altos, entonces una mujer que mide 1.55 metros y pesa 72 kilos ya está en obesidad grado uno. Si pesa 84 kilos ya alcanza la tipo dos y con 96 kilos entraría a la obesidad mórbida, no pensemos que los mórbidos son aquellos que tienen 100 o 200 kilos de más y que uno solo está gordito", puntualizó.

Las estadísticas confirman este panorama, ya que según la Organización Panamericana de la Salud, México es uno de los principales países del hemisferio en consumo de alimentos ultraprocesados (214 kilos anuales por persona), lo que contribuye al problema.

El costo del tratamiento de enfermedades derivadas de la obesidad, además, crecerá de 806 millones de dólares reportados en 2010 a mil 200 en 2030 y mil 700 para 2050.

Zurita Macías llegó al Hospital Ángeles México desde las 8:00 de la mañana, se percató de que su equipo de trabajo estuviera completo y luego visitó a su paciente José para aclararle cualquier duda sobre la intervención que lo ayudará a perder peso. Le explicó que al despertar tendría un ligero dolor en el ombligo y que podría tomar líquidos poco a poco.

En la sala de operaciones comprobó que estuvieran los trócares ópticos sin navaja, gas, las pinzas intestinales laparoscópicas, el bisturí armónico, la sonda de calibración y la sutura intracorpórea.

"¡Te peinaste!", grita el médico cuando José Carpintero entra al quirófano en la camilla. Después le pregunta: "¿Qué quieres escuchar?", el hombre responde: "Algora, la canción se llama Cocodrilo".

La elección no es al azar, puesto que él toca el trombón y el piano en ese grupo. "¿Y si cuando abrieras la maleta hubiera un cocodrilo hambriento? Ándate con ojo, si no es conmigo es con otro. Eres lo único por lo que estoy aquí", fue lo último que escuchó antes de que la anestesióloga, Rocío Salcedo, le dijera: "Respira, ya te vas a quedar dormido".

Todo el equipo está en su puesto. Zurita Macías eleva las manos para que les coloquen guantes de látex, y pide a la anestesióloga que no olvide poner a Queen en la playlist.

También enfatiza que una intervención de este tipo requiere un tratamiento multisectorial bien seleccionado.

"Por ejemplo, un balón gástrico me sirve para personas con sobrepeso y obesidad leve, hasta con 25 kilos de más y que tras la cirugía se acompañen con nutriólogo y sicólogo. El paciente debe corregir sus hábitos, porque ninguna operación es milagrosa", afirma.

Detalla que José, con obesidad grado dos, hipertensión y apnea del sueño, tiene un Índice de Masa Corporal (IMC) mayor a 30, por lo que en esta cirugía se espera que baje de 30 a 40 kilos con la manga. En los casos de superobesidad, cuando el paciente rebasa los 100 kilos, se aconseja operar en dos tiempos, primero la manga y después el bypass gástrico.

Un médico hace el último pase de lista para verificar los datos del paciente.

"Nombre: José Carpintero. Intervención: manga gástrica. Estado de salud: obesidad grado dos y apnea del sueño", indica.

Entonces, Zurita Macías dice: "Podemos dar inicio". Son las 09:20 y se apagan las luces.

El abdomen de José quedó descubierto, Zurita, especialista en cirugía laparoscópica, pide los trócares ópticos sin navaja, y con ayuda de Raúl Marín Domínguez, cirujano bariatra, y Orlando Bada, cirujano endoscopista, los introduce en el paciente.

Con la vista fija en las dos pantallas que indican que los trócares entraron con éxito, explica que la manga gástrica consiste en sacar dos tercios del estómago de una persona para disminuir la cantidad de alimentos que necesitará para sentirse satisfecho. Procede a calibrar el estómago con una sonda para formar la manga del tamaño deseado.

"Lo amarillo es grasa", dice el experto. Con destreza manipula el bisturí, que permite sellar los vasos sin que haya sangrado.

"La idea es que esta cirugía sea limpia, por eso tenemos cuidado de no perforar nada y con el bisturí vamos separando la parte del estómago que vamos a cortar", detalla mientras continúa con el procedimiento.

La instrucción de poner a Queen no fue atendida, en su lugar se escucha: "Esa mujer que hoy es tu pena, suelta, camina y olvida de alguna manera", en voz de Alejandro Sanz.

Ya pasaron más de 50 minutos. Zurita Macías casi no parpadea, "el estómago está muy pegado al bazo y no quiero tocarlo, por eso tardo, para separarlo con cuidado", comenta. Cuando logran separarlo cortan la parte que se extirpará usando como guía la sonda que le introdujeron por la boca.

"Voy a usar un instrumento que se llama Endo Stitch, que me permite cauterizar al mismo tiempo que corto el estómago y luego colocaré grapas de titanio". Después inicia la extracción del estómago. Poco a poco lo que parece una bolsa roja sale por uno de los orificios que hicieron en el abdomen, el cirujano limpia la zona e informa que la operación fue un éxito. "Señores, hemos terminado".

Salcedo se acerca al paciente, son las 10:30 horas. Empieza un conteo y le dice que la cirugía concluyó: "Todavía estás en el quirófano, pero ya terminamos".

Las piernas de José se mueven con brusquedad, parece que está desorientado, "ya acabamos, no te muevas", le pide la anestesióloga, sin éxito.

Zurita Macías deja de llenar la ficha médica y camina al centro del quirófano. Se pone a la cabeza del paciente, lo sujeta y luego dice con fuerza: "Bienvenido, José, ya terminamos". Personal del hospital llega por el paciente para trasladarlo a su cuarto y los cirujanos también salen. Cuando la sala de operaciones queda vacía, el reloj marca las 10:45 horas.

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