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EDITORIAL

Cambio climático… se acabó el tiempo

Urbe y Orbe

ARTURO GONZÁLEZ GONZÁLEZ
lunes 18 de marzo 2019, actualizada 8:38 am


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Pese a todas las advertencias y evidencias científicas, los Gobiernos del mundo no están haciendo lo suficiente para detener el cambio climático. Lo peor es que desde altas posiciones de poder y distintos niveles sociales parece existir una campaña que tiene como objetivo socavar la confianza no sólo en los estudios sustentados que exhiben la gravedad del problema, sino en la ciencia en general. Pero ante el innegable fracaso de las últimas generaciones del siglo XX, las primeras del siglo XXI ya están reaccionando con manifestaciones que muestran el grado de conciencia superior de la niñez y juventud de varios países respecto al calentamiento global y lo dispuestos que están a no quedarse cruzados de brazos.

El Boletín de Científicos Atómicos da cuenta en su declaración de 2019 del rotundo fracaso que hasta ahora ha sido el Acuerdo de París firmado por 195 países en 2015 y en el que se estableció el compromiso de frenar las emisiones de gases de efecto invernadero a la atmósfera con metas que en 2017 y 2018 se han alejado. La causa de ello es la ausencia de planes vinculantes de los gobiernos firmantes, la falta de voluntad de los políticos y las empresas de los grandes países contaminantes y el abierto desafío que han lanzado irresponsablemente gobernantes como Donald Trump y Jair Bolsonaro, quienes no tienen empacho en negar la realidad del calentamiento global con tal de seguir impulsando la devastación y polución provocadas por un sistema capitalista basado en la sobreexplotación de recursos naturales y la producción de energías sucias. Esta realidad, junto con otras, contribuye a que el Boletín mantenga el Reloj del Juicio Final a tan sólo dos minutos de la medianoche, es decir, muy cerca de una situación catastrófica.

La ciencia arroja cifras alarmantes respecto a la forma tan acelerada que está cambiando el clima como resultado del modelo de producción y consumo industrial. La temperatura promedio del mundo es hoy un grado más caliente que la estimada para la segunda mitad del siglo XIX, de acuerdo con datos de la Organización Mundial Meteorológica. Pero el problema se ha agravado en lo que va del presente siglo. Desde que iniciaron los registros, los 20 años más calientes de la historia se han presentado en los últimos 22, con récords que se han roto de forma consecutiva entre 2015 y 2018. La proyección del organismo es que, de no rebajar sustancialmente las emisiones de dióxido de carbono a la atmósfera, para 2100, es decir, dentro de unos 80 años, la temperatura global promedio se incrementará entre 3 y 5 grados. Los efectos de ello serían desastrosos: aumento del nivel de los mares, desaparición de ciudades costeras, incremento del grado de acidez de los océanos, extinción de especies animales, agravamiento de la erosión del suelo y fenómenos meteorológicos más potentes y difíciles de pronosticar.

¿Quiénes son los responsables de este desastre? Principalmente dos países: China y Estados Unidos, las dos economías más grandes del mundo, que concentran entre los dos el 40 % de las emisiones de los gases de efecto invernadero. Le siguen, con porcentajes considerablemente menores pero importantes, India, Rusia, Japón, Brasil, Irán, Indonesia, Canadá y, sí, nuestro México. La terrible paradoja de este problema es que los habitantes de los países o regiones que menos contribuyen al cambio climático, es decir, los más pobres, son los que más sufren sus efectos. Las sequías, tormentas, inundaciones, incendios, huracanes, etc. golpean con mayor dureza a las zonas del orbe en donde viven las poblaciones más vulnerables. Son los últimos de los últimos en todo que, sin deberla ni temerla, pagan la alta factura de una destructiva "fiesta" a la que nunca fueron invitados.

Y mientras los países no hacen lo que tienen que hacer para frenar el calentamiento global, hay empresas y gobiernos que ya se frotan las manos por los negocios que podrán hacer gracias a los efectos del cambio climático. Por más absurdo y cruel que parezca, ya hay quienes están programando los primeros cruceros turísticos por el Ártico para cuando ese océano se vuelva navegable gracias al deshielo, en medio de la disputa geopolítica en la que ya están inmersos principalmente China, Rusia, Estados Unidos, Reino Unido y Canadá por el control de las nuevas rutas marítimas. Estos mismos países, junto con otros, están a la espera de la oportunidad de explotar los enormes recursos mineros y las reservas de hidrocarburos que guarda el subsuelo del continente antártico, en la parte más austral del mundo, la cual registra, al igual que la región del Polo Norte, un proceso de deshielo atípico producto del calentamiento global.

Frente a ello, existen quienes no sólo niegan esta evidente realidad, sino que operan para descalificar cualquier avance o estudio científico inundando el espectro electromagnético o las redes virtuales de información falsa tendiente a negar u opacar los datos que arrojan los estudios serios que desde hace décadas se vienen realizando por los especialistas más prestigiosos del planeta. Pero dentro de esas voces irresponsables hay unas que han ido más allá esparciendo las teorías de la conspiración más absurdas, principalmente en Occidente, entre ellas, que el cambio climático es un "invento" de los chinos o que la tierra es plana. Estas aseveraciones que en principio pudieran parecernos inofensivas o simplemente estúpidas han encontrado en las redes virtuales una caja de resonancia perfecta para difundirse y desde ahí socavar la confianza en la ciencia en general y todos sus logros. Es decir, no son tan ingenuas o inocuas como pensamos y es por ello que deben ser exhibidas.

Pero las conciencias más jóvenes han despertado y han hecho eco de la advertencia más reciente de la Organización de las Naciones Unidas que, en su informe Perspectivas del medio ambiente mundial, establece que "es necesario adoptar medidas urgentes a una escala sin precedentes para detener y revertir esta situación y proteger así la salud humana y ambiental". La misma semana en la que se publicó el reporte, cientos de miles de estudiantes en unas mil ciudades del mundo salieron a las calles para protestar por la inacción de sus gobiernos y exigir el cumplimiento del Acuerdo de París. "No hay un plan(eta) B". "Ni un grado más, ni una especie menos". "Yo creo en la ciencia, no en los políticos". "La generación de nuestros padres no ha hecho suficiente para combatir el cambio climático y tenemos que aprender de sus errores. Hay que actuar ya". Son los gritos y reclamos de una generación que sabe que el futuro ya nos alcanzó, que no hay mañana, que es ahora o nunca, que el tiempo de la desidia se acabó. ¿Qué harán los gobiernos? ¿Qué haremos en México? ¿Qué haremos en La Laguna?

Twitter: @Artgonzaga

Correo-e: agonzalez@grupopunto.net

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