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Ciencia

Con la ciencia sí se juega

El programa PAUTA es un ejemplo de cómo el desarrollo lúdico de habilidades científicas desde edad temprana fortalece herramientas para la vida cotidiana y prueba vocaciones

AGENCIAS
CIUDAD DE MÉXICO, lunes 29 de abril 2019, actualizada 7:36 am

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En San Cristóbal de las Casas la temperatura promedio anual es de menos de 15 grados centígrados. El ritual de bañarse no es trámite sencillo, sobre todo en las mañanas generalmente frías, así que la pequeña Xochitl decidió democratizar el baño tibio y empezó a trabajar en un calentador de agua hecho con materiales de reciclaje.

El proyecto "Baño calientito para todos" le ha dado premios y reconocimiento a esta niña chiapaneca de nueve años, pero no ha sido un trabajo fácil: lleva cuatro años perfeccionándolo, es decir, casi la mitad de su vida. Aún a su corta edad, los objetivos son claros y la pasión evidente.

Al principio solo lograba calentar el agua tres segundos. Ahora la temperatura le alcanza hasta para que tres personas se puedan bañar. También ha tenido que probar su calentador a diferentes alturas, pues la idea es tener agua caliente en su casa, pero además lograrlo en otros hogares. "Lo que ella quiere es hacer una patente de uso libre para compartir un instructivo de cómo armar un calentador solar a partir de materiales de desecho", explica Gabriela de la Torre, directora de PAUTA (Programa Adopte un Talento), un proyecto del Instituto de Ciencias Nucleares de la UNAM que surgió en 2007 y que hace una década se convirtió en Asociación Civil.

"Lo que se busca en PAUTA es desarrollar habilidades científicas en los niños", señala la doctora en psicología escolar y desarrollo, quien explica que su principal objetivo no es enseñar contenidos.

Lo primordial para ellos es generar bagaje de capacidades para aprender a observar con lógica. Es así que el emprendimiento social y las habilidades en comunicación le pueden brindar a los niños más herramientas para su vida cotidiana e incluso para descubrir su vocación profesional. Esto se hace con talleres extraescolares realizados de manera quincenal y el distintivo, además de la metodología basada en el constructivismo, es que se acompaña a los niños hasta la edad que quieran, es decir, pueden entrar desde los cuatro años y continuar hasta la entrada a la edad adulta.

La idea es lograr ver que la ciencia está en todos los eventos de nuestro día y también puede ayudar a resolver los problemas que vemos alrededor. "La ciencia no es algo ajeno, que solo se hace en un laboratorio; cuando nos lavamos dientes o cocinamos, hacemos ciencia. Queremos mostrarles a los niños que ellos son científicos y que es un área que se puede potenciar. Lo que se busca es el desarrollo del pensamiento crítico y les va a servir para saber por qué comen lo que comen, por qué eligen a determinadas personas para pasar su vida o votar por quien votan. Hay otros caminos para llegar a estas reflexiones, como el arte, entre otros, pero el que nosotros conocemos es el de la ciencia".

SEMILLERO DE HISTORIAS

Han acompañado a cientos de niños y adolescentes cuya trayectoria en este programa inició enviando una carta de motivos y otra comprometiéndose a permanecer como mínimo un ciclo escolar. Los resultados se cuentan en numerosas historias donde una pregunta desató un proyecto de impacto social.

Allí está por ejemplo la historia de Adonis, un niño originario de la CDMX con quince años de edad y siete transcurridos en PAUTA. Su proyecto: hacer vasos con olote, pues la idea es realizar un bioplástico y utilizarlo de manera comercial.

En Michoacán, Jairo, un niño de 12 años, optó por hacer un recubrimiento para paredes, una película antigraffiti elaborada a partir de un mucílago de nopal. Este pequeño lleva cinco años en el Programa que en este ciclo escolar suma mil 600 participantes.

Existen dos modalidades de atención, la primera son los talleres, que se hacen en diversas sedes y subsedes de los estados participantes: CDMX, Querétaro, Michoacán, Chiapas, y Morelos.

En la Ciudad de México se coordina el proyecto desde el Instituto de Investigaciones Nucleares y la principal sede para los niños es la Casita de las Ciencias del Museo Universum. En la otra modalidad se trabaja en clubes de ciencia en escuelas, como talleres extraescolares donde un especialista de PAUTA trabaja de la mano del maestro encargado del grupo. En realidad las dos modalidades persiguen los mismos objetivos, lo único que cambia es el espacio geográfico donde se desarrollan.

Así, hay niños que trabajan en su proyecto de investigación durante varios años, mientras otros van probando distintas áreas y hacen proyectos diferentes. Un mentor o varios, según la diversificación de las tareas, los acompañan en la aventura. Científicos en diversos campos son los encargados de servir de guías de los niños. De manera altruista donan su tiempo para cumplir con diferentes actividades, desde escribir una carta para alentar su labor, hasta dar conferencias y acompañarlos en aulas y laboratorios a perseguir de mejor forma sus diversos objetivos.

Los diferentes entornos de los niños generan nuevas ideas. "Tenemos otras niñas en Morelos que son hijas de jornaleros agrícolas y ellas observaban que sus familias, dedicadas a la cosecha de fresa son afectadas por una plaga llamada gallina ciega, así que hicieron un pesticida amigable con el medio ambiente y lograron recuperar 40 % de la cosecha que antes se perdía por el impacto de este insecto", señala la directora de PAUTA, quien agrega que estos niños buscan cambiar la realidad, pero también están los que investigan en teoría.

"Hay niños que prefieren investigar sobre agujeros negros, es decir se van a cosas más teóricas". La idea es avanzar en el ámbito científico en diversas trincheras.

Aunque no es el objetivo, Gabriela de la Torre señala que 70 % de los niños que pasan por PAUTA eligen carreras del ámbito científico e incluso hay algunos que seleccionan otras carreras, pero con un objetivo íntimamente relacionado.

En este sentido, destaca la elección de Elvis, quien trabajó 12 años en PAUTA y finalmente decidió estudiar derecho, pero con la firme intención de hacer legislación sobre los microplásticos, las esferas plásticas de menos de 5 milímetros que contaminan con gran facilidad y de las que se considera que existen al menos 4 mil millones por cada kilómetro de superficies marinas.

ECO MUNDIAL PARA TODOS Y TODAS

El término STEM es el acrónimo de los términos en inglés de Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas; y el concepto de "Educación STEM" se ha desarrollado en todo el mundo como una nueva forma de enseñar conjuntamente estas áreas de conocimiento.

Este tipo de educación forma parte de los sistemas en los que se han inspirado programas como PAUTA en México y otros en el resto del mundo, como el muy famoso La main à la pâte (Las manos en la masa) en Francia, lanzado en 1996 por iniciativa del Premio Nobel de Física, Georges Charpak, y la Academia de Ciencias Francesa, con el propósito de renovar la enseñanza de ciencias y tecnología en la educación básica, favoreciendo una enseñanza basada en la metodología de la investigación científica. Este proyecto europeo en la actualidad tiene colaboraciones con más de 50 países. Cabe señalar que Francia, en el último escalón de la espiral, ha logrado mantener uno de los primeros lugares en desarrollo científico mundial.

México, aún en el primer escalón, tiene mucho camino que recorrer. Según cifras de la OCDE, se calcula que alrededor del 48 % de estudiantes en México no alcanzan el nivel básico en ciencias y solo menos del 0.1 % de estudiantes de 15 años alcanza los niveles de competencia más altos. Es por eso que el interés en abrir espacio para cultivar el pensamiento científico desde los primeros años de vida se hacen cada vez más necesarios, así como subrayar el acercamiento de las niñas.

"Los primeros años, los de preescolar, están enfocados a las niñas. Trabajamos con Plaza Sésamo en un proyecto que se llama Pequeñas Aventureras, donde incluso se hizo material didáctico en mancuerna".

De la Torre cuenta como los más pequeños integrantes de PAUTA se les induce lúdicamente al desarrollo de habilidades con preguntas como: ¿realmente si te lavas las manos eliminas los microorganismos? o ¿qué pasa con los bichos que habitan los diferentes espacios donde juegas?

Los niños cultivan microorganismos en agar y pueden ver sus diferencias y cambios, incluso con un guiño de respeto. "Me tocó escuchar a un grupo de niños pequeños en Chiapas que explicaban que tenemos muchos microbios que nos hacen bien, así que no podemos pensar solo en eliminarlos. Escuchar esto me parecía algo muy grande para un niño tan pequeño", señala De la Torre subrayando el potencial de la niñez.

"En nuestro país cuando alguien te dice que va a clases de física o matemáticas, se piensa con que le va mal en la escuela, lo que no se pensaría de alguien que asiste a clases de ballet o música", dice la especialista sobre la importancia de incorporar la idea de ciencia como algo que también puede sumar experiencias gratas y hacer la diferencia, como lo muestran niños en todo el mundo no solo preocupados, sino ocupados en cambiar su entorno.

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