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EDITORIAL

Derogación

Diálogo

YAMIL DARWICH
jueves 02 de mayo 2019, actualizada 7:24 am


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Hace unos años nos hicieron soñar con un verdadero cambio en nuestra realidad: "Pacto por México", lema presentado por los politiqueros, firmando un acuerdo que no cumplieron al encontrar múltiples resistencias, todas de intereses oscuros sobrepuestos al nacional.

Sobresalía el pacto por lograr una mejor educación para los estudiantes de nivel básico y medio superior, a sabiendas que las consecuencias se cosecharían de primera instancia en el sector productivo y luego en la calidad del egresado universitario; en ese soñar, nos cacaraquearon una reforma educativa que prometía transformar, para bien, al sistema mexicano; entre muchas letras, en resumen, propusieron "descubrir el hilo negro": los profesores enseñando y los alumnos estudiando.

El esfuerzo sería mayúsculo, que desde luego afectaba a las reglas impuestas por las bases electorales del desgastado partido en el poder. Hubo necesidad de apresar a su lideresa y denunciar sus ilícitos, tratando de hacer avances en la aplicación, sin descuidar desde luego, los aviesos intereses particulares de politiqueros, siempre denunciados por su enriquecimiento explicable, nunca enjuiciados.

La lucha se prolongó durante el sexenio, que bien puede pasar a la historia como el de "corrupción desbordada", todos ganando tiempo: los líderes sindicales esperando mejores aires; los administradores públicos, soportando y esperando el cambio de gobierno para la liberarse de sus promesas. Lograron sus propósitos y México quedó ahogado en la grave deficiencia educativa.

El cambio inesperado fue la elección del persistente candidato opositor - recuerde sus saltos del PRI al PRD y finalmente creó MORENA - quien, conocedor del sentimiento de agravio nacional, sabía que pensábamos que "habíamos tocado fondo" y que lo que viniera no podría ser peor.

Asesorado por expertos con brillante malicia, construyeron escenarios de cambio con promesas ensoñadoras a los electores; los pobres: con renovadas esperanzas de salir de su estado; los ricos: pensando en tener mejores condiciones de emprendedurismo, algunos con el temor de perder lo ganado lícita y/o ilícitamente.

El éxito en las urnas se basó en prometer y denunciar; palabras claves de la mercadotecnia, incluido el lenguaje coloquial que entendemos todos: "mafia de poder, fifís, justicia, legalidad, -dos últimas que luego se calificaron en el discurso popular como antónimos - nuevos aeropuertos, refinerías, plantas productoras de energía eléctrica y lo que el lector identificara como mejoría y riqueza". Se prometía y… se prometía.

Los profesores sindicalizados querían mantener su estado de confort: no evaluación, mejoras económicas, ascensos por escalafón, permisos con goce de sueldo y sobre todo controlar la autoridad. La promesa se pronunció: derogaré "la mal llamada reforma educativa.

Ganadas las elecciones con histórica mayoría, llegó el tiempo de cumplir y los sindicalizados no olvidaron y exigieron el cumplimiento de promesas; ante la demora, iniciaron movilizaciones que afectaron a la productividad nacional, tomaron vías de comunicación, organizaron marchas y paralizaron al poder legislativo.

El gobernante dudó, temió y concedió, cediendo su posición de autoridad ante los números: 2 millones de trabajadores, al menos 3 electores por cada sindicalizado y un número incontable de simpatizantes adoctrinados desde las aulas y juntas con padres de familia. Razones suficientes.

El 24 de abril del 2019, será marcado como la fecha recordada por la derogación de la Reforma Educativa por parte de la Cámara de Diputados, que por un voto detuvieron los senadores; luego "regresarán a la carga".

Entonces, los profesores podrán regresar a su vida de confort y sosiego: nada de evaluación docente; los puestos de ascenso serán por escalafón y tendrán preferencia quienes no tengan otros ingresos familiares; las normas sindicales continuarán por encima de reglamentos educativos, la propia ley, los programas de estudio, calendarios y, sobre todo, la capacidad para enseñar no será calificada, por ser ¡represiva!

Perdería México, que requiere de educados para competir con el extranjero; la productividad nacional, que deberá hacer el sobre esfuerzo económico para capacitar y entrenar a los mal preparados; pierden las universidades recibiendo estudiantes sin los antecedentes académicos suficientes para el aprovechamiento; y, sobre todo y tristemente: pierden los que menos tienen, al seguir en desventaja ante su incapacidad de emplearse, autoemplearse o buscar mejores condiciones laborales.

En el caso, paradójicamente, se benefician los mercaderes de la educación, que sabrán aprovechar las necesidades de padres de familia que comprenderán que para preparar mejor a sus hijos, buscarán alternativas en el medio particular, donde se han enquistado muchos oportunistas para ganar dinero sin educar, acaso medio instruir a sus incautos.

Por lo pronto, todos seguimos padeciendo la "parálisis paradigmática", al pensar que nada se puede hacer; que con el control absoluto concedido, no podemos exigir nuestros derechos; todos, resignados y replegándonos a posiciones de defensa más seguras… por lo pronto.

¿Qué piensa? ydarwich@ual.mx

Recuerde la invitación a la presentación del libro "Cien de Mil", hoy a las 19:00 h, en las instalaciones de El Siglo de Torreón. Ojalá podamos saludarnos.

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