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EDITORIAL

Por el medio ambiente

ANTONIO ROSAS-LANDA
jueves 16 de mayo 2019, actualizada 7:22 am


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¿Qué le afectaría más, ver el desarrollo turístico de Cancún bajo el mar, la extinción de un millón de plantas y animales, o pagar más del doble por una cerveza? Donde esté su corazón, debe saber que las opciones serán consecuencias del cambio climático.

En días pasados se dio a conocer un reporte de un comité de las Naciones Unidas la posible desaparición del 40 por ciento de los anfibios, el 33 por ciento de los arrecifes de coral y un tercio de los mamíferos si no reducimos las emisiones invernadero y los contaminantes que producimos, cambiamos a prácticas sustentables al producir nuestros alimentos, entre otras medidas.

La extinción masiva de una octava parte de las especies del mundo tendría repercusiones profundas en los ecosistemas. Es decir, si cree que la muerte de esta flora y fauna no le afecta, piense de nuevo porque transformaría de raíz nuestra forma de vida y pondría en riesgo nuestra sobrevivencia.

Una de las consecuencias del cambio climático atribuido a la actividad humana es el deshielo de las capas polares. En un mapa con una simulación hecha por la NASA se aprecia un mundo sin hielo con el consecuente aumento de los niveles de los océanos. Ahí se aprecia que la península de Yucatán se uniría a la mítica Atlántida por quedar debajo el mar.

En ese mundo alienígena, los océanos subirían de nivel hasta 65 metros, situación que colapsaría las actividades comerciales, productivas y nuestro estilo de vida como lo conocemos. Así mismo, deberíamos acostumbrarnos a vivir calientitos, en lugar de una temperatura mundial promedio de 14 grados centígrados pasaríamos al fogón de 26 grados en nuestro invernadero global.

Ahora, es verdad que estos cambios dramáticos pueden tomar muchos años y que probablemente usted, querido lector, no sufrirá la totalidad de los efectos de la devastación. Pero no olvidemos que el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático nos advirtió que de no reducir las emisiones invernadero para el 2032 los daños ambientales serán irreversibles. Es decir, no se va a acabar el mundo en doce años, pero tomará un rumbo descendente que será imposible revertir.

Si lo mencionado no lo pone en alerta, un reporte de The Journal Nature Plants señala que gracias al cambio climático los insumos usados en la cerveza podrían encarecerse al doble o al triple, en países de gran demanda. Es decir, si la extinción masiva, el clima adverso o la amenaza de la destrucción de nuestra especie no lo motivan, actúe a favor del medio ambiente para brindar a un precio razonable. Con este panorama uno pensaría que los gobiernos estarían enfocados en políticas públicas que reduzcan nuestro impacto en el mundo, al tiempo que se crea oportunidad y millones de empleos con la revolución de la energía renovable, los autos eléctricos-autónomos, etc. Lamentablemente, el liderazgo en México hace todo lo contrario.

El presidente está obsesionado con edificar refinerías financieramente inviables que condenarán al país a mantener tecnologías sucias e ineficientes propias de 1940 en el siglo XXI. Si se cree que "por el bien de todos, primero los pobres", hay que recordar que los más necesitados son los que sufren ante los fenómenos meteorológicos extremos que padecemos con esta crisis.

Por ello, en vez de negar lo evidente, el presidente López Obrador debería reactivar las licitaciones que canceló su gobierno para proyectos de energía renovable, también debería negociar con las armadoras de autos para que oferten vehículos híbridos y eléctricos que minimicen el consumo de gasolinas, reduzcan las emisiones y ahorren dinero a los conductores. Y en el último de los casos, presidente, adopte políticas del siglo XXI para que nos echemos una cervecita sin romper la cartera. Yo invito la primera ronda si rectifica.

Twitter: @ARLOpinion
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