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Gómez Palacio y Lerdo

Denuncian migrantes apoyo lento o nulo en México

EDITH GONZÁLEZ/EL SIGLO DE TORREÓN
GÓMEZ PALACIO, DURANGO, lunes 24 de junio 2019, actualizada 9:28 am

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Con la esperanza de recibir un documento que les permitiera viajar a Saltillo sin correr el riesgo de ser detenidas y deportadas, las migrantes de origen hondureño, María Hilda Láynez, su hija Marisa y sus nietas, acudieron a la Procuraduría de la Mujer de Gómez Palacio.

Explicaron una y otra vez que querían el documento, pero el personal les dijo que no tenían la facultad para expedirlo.

Decían que de la Presidencia las habían enviado a este lugar, porque allá tampoco pudieron dar respuesta a su solicitud.

De la Procuraduría las enviaron a la Comisión Estatal de Derechos Humanos, ubicada a dos cuadras, pero la respuesta fue la misma. La información recibida fue que tendrían que ir a las oficinas de Migración, que están en Torreón. Pasaba de la 1 de la tarde. Las niñas se mostraban inquietas por el calor. Las mujeres reflejaban en el rostro desesperación e impotencia.

El aparato burocrático también es lento en el caso de migrantes o tampoco funciona.

La familia dice que no está por gusto en México, tampoco de vacaciones, como gran parte de los migrantes que hay, o como los nuestros que están en Estados Unidos, están huyendo de la pobreza y de la delincuencia.

"Hasta cinco o 10 muertos tirados en calle vemos todos los días. Nos piden dinero; a mi hermano José le pidieron dinero, no tenía y lo mataron, también a mi sobrino Jairo, ya no se puede vivir en Honduras".

"Nos vinimos en autobús a Guatemala, ahí llegamos a Tapachula (Chiapas) donde estuvimos un año hasta que arreglamos (visa o permiso), nos dieron la visa en noviembre del año pasado, a mi me dieron la residencia aquí en México, porque siempre he vivido aquí, pero mi hija no, quiero que arregle ella", narra María Hilda.

Su hija Marisa y tres nietas son nacidas en Honduras y para ellas es el documento.

La familia no cuenta con seguridad social de ningún tipo. Las hijas de Marisa acuden a la escuela de oyentes. No saben cuánto tiempo estarán aquí, pues en Migración les dieron la misma respuesta.

Marisa, con ayuda de su madre, busca alternativas. No quiere regresar a Honduras, sabe que su deportación sería la sentencia de muerte para ella y sus tres hijas.

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