22 de octubre de 2019 notifications
menu desktop_windows
Columnas Social

Personajes en la historia de México

José León Robles de la Torre
TORREÓN, COAH., miércoles 18 de septiembre 2019, actualizada 8:49 am

Enlace copiado

REPRODUCCIÓN DE ARTÍCULOS PUBLICADOS EN LA REVISTA CULTURAL EL PUENTE NO. 5 DE FECHA JULIO - AGOSTO DE 1991

Autoría de Irving A. Leonard titulado, Carlos de Sigüenza y Góngora, historiador, se refiere a Carlos de Sigüenza y Góngora historiador, matemático, poeta, que fue bautizado en México el 20 de agosto de 1645. Estudió en el Colegio Jesuita de Tepotzotlán y en la Real y Pontificia Universidad de México, donde fue catedrático en 1672. Diez años después fue nombrado Capellán del Hospital del Amor de Dios (en el actual edificio de la Academia de San Carlos) allí instaló su biblioteca, sus mapas y sus aparatos científicos y allí vivió hasta el final de sus días. Esta semblanza de Sigüenza y Góngora como historiador, que nos permite asomarnos a la vida de su siglo, se debe al erudito norteamericano Irving A. Leonard y está extractada de su libro Don Carlos de Sigüenza y Góngora. Un sabio mexicano del siglo XVII. Fondo de Cultura Económica, México, 1984. Traducción de Juan José Utrilla.

Si en Nueva España hubiera alguien que pagara el costo de la imprenta, yo publicaría varias obras a cuya composición fui movido por el gran amor que tengo a mi patria, y en las que se encontraría información de sobremanera extraña... escribe don Carlos de Sigüenza y Góngora, a lo cual añade una melancólica profecía que por desgracia se ha cumplido. Estos datos y otros muchos más requieren mucho volumen y por ello lo más probable es que conmigo mueran, pues yo jamás podré hacerles imprimir por mi cuenta, dada mi gran pobreza.

Esta queja no es insólita entre los hombres de letras de la época de Sigüenza, particularmente entre quienes se dedicaban a estudios de carácter secular. El caso de Don Carlos está lejos de ser único.

Las mayores aportaciones de Sigüenza al conocimiento quizá sean sus estudios históricos. Pero esto sólo puede suponerse por los testimonios que nos han llegado en forma de algunos de sus libros y las observaciones de estudiosos que vivieron en sus días o poco después y conocieron materiales hoy perdidos. Al parecer se imprimieron nueve libros de don Carlos, pero éstos representan un bajo porcentaje de sus escritos, que en su mayor parte quedaron inéditos. Que el sabio mexicano continuase investigando y escribiendo de que era muy improbable que sus obras se conservaran, es una prueba de su carácter y de su devoción a la sabiduría.

En 1668, a la edad de 23 años, comenzó Sigüenza sus estudios de las antiguas glorias de los pueblos aborígenes de la Nueva España, y comenzó a coleccionar, con gran diligencia y gastos monetarios, materiales muy variados pertenecientes a los indios, don Carlos reunió la colección más completa que jamás se hubiese formado de libros, manuscritos, mapas y pinturas originales relacionadas con la vida india antes de la llegada de los españoles. Le ayudó su buena relación con la familia de Alva Ixtlilxóchitl. de la que sin duda recibió mucha información...

...Mencionemos sólo unos cuantos manuscritos importantes de los que se sabe que estuvieron en posesión de Sigüenza: una historia de los mexicanos escrita por Hernando de Alvarado Tezozómoc, hijo de Cuitláhuac, el sucesor de Moctezuma como Emperador de los mexicas; algunos relatos de don Domingo de San Antón Muñón Chimalpahin, indio mexicano descendiente de los antiguos caciques que escribió a principios del Siglo XVII; ciertos escritos de otro indio descendiente de los reyes de Texcoco, Juan de Pomar, y de don Pedro Gutiérrez de Santa Clara una relación de los caciques de la nobleza de las provincias del Nordeste, leyes y costumbres de los indios y tributos que pagaban a sus jefes escrita por el oidor Alfonso de Zorita; un libro de cuentas del Arzobispo Juan de Zumárraga.

...Para don Carlos, como para sus colegas, la Biblia era la palabra de Dios y hacía falta conciliar el conocimiento descubierto por el hombre con el revelado en el gran libro, que debía constituir el punto de partida de toda investigación científica. Don Carlos quedó beatíficamente convencido de que en su Fénix del Occidente estaba arrojando nueva luz sobre la obra de Dios y a tan noble tarea dedicó todas sus capacidades intelectuales. Esta grata convicción le hizo sentir un interés especial por el destino de esta obra. Comentando con pesar que muchas de sus obras probablemente estaban destinadas a morir con él, exclama don Carlos, pluga a Dios que esto no ocurra a lo que he comprobado acerca de la predicación del Apóstol Santo Tomás en estas tierras... Vayamos ahora a los escritos históricos de Sigüenza más particularmente relacionados con los acontecimientos de la Nueva España después de la conquista, hasta llegar a la propia época del autor, como ya lo hemos repetido, de muchas de las obras de don Carlos, sólo sabemos el nombre. Algunas de estas son, por ejemplo, El Teatro de la Sacra Iglesia Metropolitana de la ciudad de México; la Historia de la Universidad de México, el Tribunal Histórico, y una biografía del Arzobispo Alfonso de Cuevas y Dávalos. Sigüenza también hizo minúsculas anotaciones críticas en sus ejemplares de Torquemada y Bernal Díaz, pero como a su muerte esos libros fueron legados a un amigo muy aficionado y dado a las historias y curiosidades de esa Nueva España, según dice una carta Gabriel López de Sigüenza, sobrino de don Carlos, se han desvanecido...

RELACIONADAS
COMENTA ESTA NOTICIA
Cargando comentarios...
Cargando más noticias...
Cargando tendencia...