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EDITORIAL

Los bancos extranjeros y el papel que les corresponde en esta emergencia

JULIO FAESLER
domingo 29 de marzo 2020, actualizada 8:26 am


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Ahora conoceremos el verdadero talante de los bancos extranjeros que desde hace tantos años han venido explotando con inaudito éxito el crecimiento del mercado financiero mexicano. Son estos bancos a los que ahora les corresponde actuar con sentido solidario.

El pasado 10 de marzo La Jornada publicó que "durante los primeros 11 meses de 2018 las ganancias de la banca privada sumaron casi 140 mil millones de pesos. En el primer mes de 2019 la banca privada en México obtuvo ganancias netas de 16,000 millones de pesos.

La nota seguía: "…Comparado el rendimiento de cada institución bancaria extranjera en México, con el de su casa matriz, se advierte que su desempeño financiero fue mucho mayor que el de sus matrices."

Según la revista "Expansión", las ganancias del grupo financiero BBVA Bancomer fueron las que más aportaron a las utilidades de sus dueños españoles. En efecto, ascendieron a 52,368 millones de pesos en 2018. En contraste, mientras que en su país de origen registraron una contracción del 47.6% al cierre de ese mismo año, las ganancias de BBVA México, representaron el 41% de las utilidades del grupo español, las más altas frente a las filiales de América del Sur, Turquía, Estados Unidos, y el resto de Europa.

El grupo financiero Citibanamex, parte del estadounidense Citigroup es otro caso. En un lapso de nueve años, sus ganancias en México crecieron 91.1%, según las cifras del último reporte anual de 2017.

Los bancos derivan fuertes ganancias en las operaciones cambiarias que son una parte sustantiva de nuestro comercio exterior de más de 800 mil millones de dólares.

Más que probar la solidez y buena salud de todo el sistema bancario mexicano, las crecidas ganancias que han acumulado subrayan su deber de contribuir sustancialmente a resolver estos momentos de crisis.

Los pingües márgenes de intermediación bancaria, que rondan los 20 puntos porcentuales, responden a las altas tasas de interés que se aplican a los créditos agrícolas, industriales, comerciales o inmobiliarios.

Es de justicia retornar esos exagerados cobros, que contrastan, por cierto, con el exiguo rendimiento de cualquiera inversión en un instrumento bancario, a la sociedad mexicana de donde los tomó.

Tal como lo señala la doctora Isabel Cruz, directora general de la Asociación de Uniones de Crédito del Sector Social, debe obligarse a los bancos a ofrecer créditos con intereses reducidos y dejar de cobrar las comisiones por los elementales servicios que dispensan en sus miles de cajeros automáticos.

Hasta ahora el sistema bancario solo se ha dedicado a remediar la poca bancarización de México vista como un atraso nacional extendiendo sus redes de penetración con criterios de conquista colonial en lugar de espacios de desarrollo compartido e incluyente. No ha atendido a las PYMES que emplean más del 90% la población trabajadora además de las personas de precarios ingresos que viven al día.

Hoy algunos bancos comerciales anuncian en amplios desplegados su oferta de extender plazos de cobro a cuatro o más meses para créditos de consumo, vivienda y comerciales. No se habla de reducción de tasas de interés ni mucho menos de deudas.

Las tasas de interés para las industrias se mantienen pese a que la crítica coyuntura actual demanda la acción decidida para estimular la malherida actividad económica con una campaña de emergencia que esté en consonancia con la reducción a prácticamente 0% de la tasa de interés de la Reserva Federal norteamericana y de los bancos centrales europeos y los esfuerzos del Banco de México.

Es hora para que el Banco Nacional de Comercio Exterior y Nacional Financiera revisen los proyectos de financiamiento e inversión que tienen en estudio para acelerar su aprobación. A los bancos privados y muy particularmente a los que se nos han instalado desde el extranjero, les corresponde contribuir con la extensión de créditos especiales para hacer llegar a los sectores más estratégicos como los pequeños productores y comerciantes y los sectores de infraestructura.

La brecha capitalista que separa a los pocos ricos de los muchos pobres en todo el mundo es una llamada a mayor responsabilidad. Urge revitalizar el poder de compra de las mayorías populares ejecutando con celeridad y limpieza los programas oficiales que acaban de anunciarse en favor de la población trabajadora.

La aparición de la pandemia ha trastocado todo y puesto en primera línea la urgencia de operar ajustes en los parámetros que han regido las relaciones de la comunidad financiera respecto a sus responsabilidades en el desarrollo nacional.

Veremos si colaborarán con altura de miras en estos momentos de crisis al sostenimiento de la sociedad que tan generosamente ha soportado su ambición.

juliofelipefaesler@yahoo.com
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