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Cultura

Apuntes sobre El pobrecito señor X

Es uno de los libros del poeta mexicano Ricardo Castillo

Alfredo Castro/ EL SIGLO DE TORREÓN
TORREÓN, viernes 10 de abril 2020, actualizada 9:03 am

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Pobrecitos aquellos que su vida se ha definido por la tragedia de un autogol en plena final de liguilla y en su propia casa. Por haber nacido en cierta cancha llanera de la república y en un mal momento del partido de la vida. Ricardo Castillo escribe con todo ese peso en su libro de 1976, El pobrecito señor X, en donde se expresa desde muchos estados de ánimo, el sentir de la juventud mexicana ante los cañonazos de la familia, del amor, del dolor y de otros posibles atacantes.

La primera imagen que nos sorprende es el Autogol: "Nací en Guadalajara". De esta línea con la que se abre El pobrecito señor X, podríamos decir que se desprenden todas las asimilaciones individuales de la voz poética. Los poemas marchan sobre esa misma textura que habla desde una primera persona como un espectador que a veces es víctima y otras veces altanero y burlón. Aquí también encontramos a los dos primeros personajes; Papá Guille y Mamá Lupe que seguirán apareciendo en el poemario como figuras paternas que concretan la visión del entorno familiar. Es a partir de la contemplación hacia ellos que estallan los primeros descontentos: "Mi mamá lloraba en los resquicios / con el encabronamiento a oscuras, con la violencia a tientas".

COMIENZO

Encontramos, también en el inicio, la primera gran conclusión que nos dará la pauta del tono del libro: "Valgo madre". Esta sentencia aparece como una asimilación de toda la realidad que azota a nuestro personaje y que será abordada con esa crudeza y despreocupación. Entendemos que es algo que uno no escoge, que le toca y que pesa.

En A dónde vas, conejo Blas se nos presenta a otro personaje de características abstractas, pero que bien pudiera ser muy cercano y comprendido por los lectores: El dolor. Castillo lo evoca como a una segunda persona y lo describe con esa proximidad y asombro que nos permite desgarrarnos un poco al entender sus dimensiones: "Es tan grande que se le puede ver desde cualquier banqueta / … / Hay momentos en los que ya nada puede ser grave, sino fatal". El retrato puede ser trágico, pero también deslumbrante y cierto.

El mismo dolor vuelve a aparecer en el poema siguiente, El gran simpático y es él quien nos ayudará a vislumbrar la idea de la realidad que aquí se plantea. En esta parte de la obra se encuentran, posiblemente, las imágenes más poderosas y recodadas de Castillo: "La realidad es una broma que ya me está poniendo nervioso / un armario con un payaso encerrado / … / la realidad es un teléfono timbrando". Estas concepciones pueden poner realmente nervioso a quien se adentra en las imágenes. ¿Quién no ha sentido esa fugaz sensación de nervios por escuchar los primeros timbrazos del teléfono? ¿Quién es? ¿Qué quiere?. La realidad es una figura que se explica desde una postura poco optimista y a la que se le sugiere tener extremas precauciones y cautela.

MASCULINIDAD

Ricardo se apropia de otra expresión de la masculinidad popular: El que no es cabrón no es hombre y comienza a emplear un leguaje más crudo para describir la situación del individuo frente a los escenarios de su vida. Aquí hay una voz que reclama con dejos de desprecio a lo cotidiano y se muestra afectado por la tranquilidad, por la muerte. Después por las mujeres que no lo voltean a ver, y, sobre todo, por su incapacidad de ser "cabrón". Ricardo Castillo nos regala una asombrosa traducción de la realidad en tan solo 44 páginas, una realidad que nos retumba en los oídos, por ejemplo a las seis de la tarde, como lo dice el poema: "me pega con 6 pinches campanazos en todo lo alto".

Con la misma entonación despreocupada, hay otros poemas como Testiculario en los que el autor no tiene reparos. Se presentan versos despojados de toda pretensión y hablan con una honestidad irrefutable que concluyen en la intimidad del alma, del dolor y la tristeza radicada en los testículos. Podría sonar interesante, entonces, como sería reubicar los pesares y los desaires amorosos para salir del lugar común del corazón. Esto significaría una nueva sensibilidad hacía el humor y, posiblemente, a los instintos inmediatos sin aparentar ir más allá del cuerpo. La imagen imposible del corazón azotado por la tristeza es derrocada por los genitales casi siempre menospreciados. "La tristeza no me duele en el corazón / sino en los testículos".

HUMOR

El poeta del jardín es uno de los pasajes en los que mejor se expone el humorismo de Ricardo. La voz principal se hace de una reflexión que concluye en una postura filantrópica y poética: Tener un escritorio público en el jardín para atender las peticiones amargas de los clientes "señor poeta, haga un poema de un triste pendejo". El negocio, que sólo cobrará el papel no corrió con éxito, pues sólo tuvo un cliente. Este poema nos vuelve a revelar la sensibilidad con el escenario que rodea el contexto del libro, y, por qué no decirlo, también nos recuerda que la poesía no es rentable, ni con la mejor de las intenciones.

En ese mismo sendero del humor negro y continuando con la evocación a la familia, viene Pin uno y Pin dos que, con un final casi inesperado y cruel para quien habla de la gente de su casa. Se nos narra una estampa muy íntima del hogar en la que no pasa nada, todos se encierran, nadie se habla, un desperdicio del tiempo y de la sangre, un amor evidente que flora en las paredes, pero que parece no ser realmente percibido por nadie. Una imagen fuerte que de pronto es sacudida por el contraste de la muerte al final de los versos.

El erotismo salta de forma muy particular con Las nalgas, en donde se nos recuerda otra vez el cuerpo humano, pero desde una perspectiva comparativa, como advierte el título: de las nalgas, que, según se explica, las de las mujeres son indudablemente mejores que las de los varones. Son el origen de la poesía y del escándalo. Son la única cosa a la que el poeta se refiere como algo magnífico y a lo que no se critica: "son un artículo de primera necesidad que no afecta la inflación, / un pastel de cumpleaños en tu cumpleaños". Metáforas que podríamos decir, son accesibles y, sobre todo, que veneran esta esplendida parte del cuerpo femenino. Castillo se detiene en esos detalles explícitos y arriesgados que los poetas de su época no recordaban con facilidad, dando una propuesta relajada de la literatura.

VOLVER AL LAMENTO

Así, después de los episodios fantasiosos y eróticos de Muñeca Lilí y Ledy y Agitación de la oscuridad, el poema vuelve a concentrarse en la realidad, a lamentarla: "… mire como la calle le dice que está equivocado, que su objetivo en la vida da risa…". "Chance y no soy más que un campo de futbol sin porterías". Sin embargo, a pesar de la resignación, El pobrecito señor X termina con Estribillo que nos brinda aires más optimistas de lo que pasa desde un lenguaje que exponía un desenfado que despierta un lenguaje que fue revelador para la época, con groserías y enunciados impensables.

El libro podría dar la apariencia de ser muy reciente, de haberse escrito por un muchacho igual de enojado que el de ayer, pero ese es sólo uno de los efectos afortunados que posee a pesar de rebasar los cuarenta años de ser publicado. Una aproximación muy íntima hacia la estremecedora quietud de la ciudad, pero también a las crueldades que en ella ocurren, el pensamiento rebelde e imprudente de un joven a quien no le convence el mundo, una llamada de atención agresiva y X a la realidad.

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